miércoles, 16 de diciembre de 2015

Coche policial

Pequeña pero matona. Cine independiente, que en forma de thriller nos lleva al clasiscismo del western, pasando eso sí por la comedia negra.
Dirigida por Jon Watts, al película en su concepto es bien sencilla. Dos niños que aparentemente están escapando de su casa y que seguramente viven en la típica parcela para autocaravana del oeste profundo de EEUU, se encuentran por casualidad abandonado en medio del desierto un coche de policía. Tras un momento de duda, deciden hacerse con el volante y probar la experiencia de conducir un coche de policía. La cosa se les va de las manos cuando empiezan a trastear con todo lo que el coche lleva dentro. El dueño del coche empezara una persecución para recuperar su coche, y no lo hará de una manera amable, pues parece que tiene algo que ocultar.
He leído alguna crítica y reseña que tildan la película de un corto demasiado alargado. Para mi no es así. Aunque la premisa es bien sencilla, y retocando bastante, es verdad que el argumento encaja con un corto, pero Watts es capaz de llenar minutos (y no vacíos) para hacernos dentro de esta especie de western moderno, el difícil paso de la candidez y la inocencia de la infancia, hasta la más dura realidad. Aquí lo importante es como evolucionan los niños en apenas 90 minutos, y lo hacen, hasta que son conscientes del verdadero peligro que corren, y todo a consecuencia de sus actos.

La película también podría enmarcarse dentro de las road movie, aunque en realidad, no tenga grandes persecuciones, pero sí que todo transcurre a bordo de automóviles, y recorriendo las interminables rectas asfaltadas de EEUU.
En el reparto hay que destacar el gran trabajo de los niños James Freedson-Jackson y Hays Wellford, pero además, tenemos a Kevin Bacon como el despiadado Sheriff y propietario del coche. Realiza un perfecto trabajo, y en cada escena se puede sentir la tensión que está viviendo.
Una buena fotografía que remarca los bellos paisajes desérticos de EEUU, y un buen climax. Todo ello para contarnos el paso a esa prepubertad que sufren los niños. No es una gran película, pero tiene un pase, muy recomendable, además de verse en un pestañeo, pues casi no llega ni a los 90 minutos.

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